El acento mediático

Lunes, 9 de la mañana. Pongo la radio y escucho ese programa en que el locutor habla con un acento perfecto, un español ejemplar, un lenguaje fino y puro del que da ganas de abrazar. Pienso “¡Vaya, este tío tiene que ser de Madrid fijo!”. ¡Pero no!, resulta que es gallego.

¿Dónde está ese acento característico? ¿Y esa musicalidad que tiene la entonación tan remarcada de Galicia? Ni rastro. Esto me hace pensar: ¿será difícil hacer desaparecer el acento propio de la tierra donde uno ha nacido? Realmente, difícil, no es. Entonces, ¿por qué en Canal Sur no camuflan el acento, ni tan siquiera lo intentan? Es una cuestión que no tiene fácil respuesta.

Yo creo que un buen comunicador debe intentar transmitir los contenidos de la forma más clara y comprensible posible. Para ello, además de controlar el lenguaje del medio en cuestión, debe ajustar su forma de hablar para que cualquiera que escuche pueda entenderle, y esto incluye adaptar su acento al castellano ejemplar. Si uno tiene el acento característico de Peñuelas (relajando las g y j, ceceando, “gegeando”… básicamente el que tenía Rosa López cuando empezó Operación Triunfo), por muy buenos que sean los contenidos, un oyente de Valencia (por ejemplo) ni lo va a entender, ni va a hacer el esfuerzo por hacerlo. Se trata de educar el habla propia más que de esperar que el oyente se eduque el oído.

Y no entramos en temas de autonomías. En los medios autonómicos (sobre todo públicos), lo que se intenta es reforzar el acento que caracteriza esa Comunidad, más por un tema político que comunicativo. De hecho en los estatutos de autonomía se establece la naturaleza propia de los medios de comunicación de titularidad pública. Es más importante remarcar el concepto de “nación” que tiene esa autonomía, a través de la unidad que implica la existencia de un idioma o dialecto propio, que el hecho de transmitir un contenido audiovisual de forma satisfactoria. A veces llega a ser hasta desagradable comprobar cómo locutores que no son naturales de la comunidad en cuestión intentan adoptar el acento para llevar esta idea a cabo (en series, publicidad…). En Canal Sur hay presentadores (como Manu Sánchez) a los que hasta para un andaluz se hace difícil comprender. No digamos ya para un catalán o un logroñés.

Hablando del acento andaluz, España está llena de prejuicios, inoculados sobre todo por los medios de comunicación. Tanto en la televisión como en el cine, se ha recurrido al andaluz (sobre todo de ciertas zonas concretas de Andalucía) para proveer al personaje de gracia, bajo nivel académico, marginalidad… Y en rara ocasión un andaluz ha sido el galán, el triunfador o el personaje estrella. Es verdad que la Juani hizo mucho daño al orgullo de ser andaluz (siendo la actriz madrileña, y no sanluqueña), pero creo que es por la misma inseguridad que tenemos los andaluces. Nos sentimos distintos por la forma de hablar, y nos ofendemos cuando se ridiculiza, en mayor o menor medida, a un andaluz por ese tema en la televisión. Pero es que no tenemos que ir muy lejos para ver ejemplos que nos hacen sentir vergüenza ajena: Rosa López (OT1), Inma (GH… ¿7 u 8?), o incluso Manuel Chávez (alias EREs-arriquitáun). Nosotros podemos criticarlos, pero en cuanto un madrileño lo hace, nos sentimos insultados personalmente. Esto implica un poco de hipocresía de alguna forma. Defendemos el uso del andaluz en los medios, cuando a la vez criticamos y nos avergonzamos de ciertos personajes mediáticos que lo utilizan.

Es necesario adoptar un lenguaje universal que se use en los medios por el bien del consumidor de productos audiovisuales. Hablo por supuesto de la radio o de la televisión (en programas divulgativos, informativos o de entretenimiento), ya que tanto el andaluz como cualquier idioma o dialecto es rico e importante como para usarlo en series o películas.

No es ético, no obstante, utilizar una lengua para hacer creer que es más importante que otra. El andaluz no es una versión inculta del castellano. Es una evolución distinta del mismo idioma en otras zonas con unas características distintas, e influido por distintos factores que ahora no vienen a cuento. Tampoco es ético obligar, de forma más o menos directa, a adoptar una forma de hablar concreta con la excusa de que es más culta, o más importante políticamente. Sólo defiendo el uso del castellano ejemplar como forma de poder llegar a la población de una forma más fácil y sin que éste tenga que hacer un esfuerzo extra. Hablo sobre todo de la radio, que es un medio fugaz y que no tiene el apoyo de la imagen para completar la información, y que necesita de un mayor esfuerzo por hacer comprender al oyente lo que queremos decir, sin que éste pueda malinterpretarlo.

Cierto es que en determinados medios se recurre al acento para buscar una identidad propia, una diferenciación respecto de formatos similares que no tienen algo nuevo que ofrecer, salvo la chispa o idiosincrasia de una zona geográfica concreta. Pero esto no supone una pretensión de jerarquizar los idiomas o dialectos, al menos de forma explícita.

Para concluir, tengamos en cuenta que este es un tema con muchas opiniones, muchas voces que defienden o denuncian el uso de los dialectos en los medios, y que nunca llegará a un consenso. Así que dejemos que cada cual piense como quiera, siempre que no se use el lenguaje como arma para atacar a otras culturas.

Artículo escrito por J. Marcos Serrano (@JMarcosSerrano)

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