La publicidad es eterna

Perfumes, automóviles, bebidas, juguetes… no es algo difícil de encontrar en la publicidad de la televisión actual. Pero, ¿qué hay de la televisión de los 80? Exactamente igual. Cortes publicitarios de 5 a 10 minutos, donde se encuentran las nuevas tecnologías, las últimas tendencias musicales, los personajes de más actualidad, etcétera, buscando las mismas reacciones en los consumidores.

Cierto es que hoy en día se tienen más recursos tecnológicos para hacerlos, pero nos sorprendemos tanto como en su tiempo lo hacían nuestros padres. ¿Qué ha sido del “Busque, compare, y si encuentra algo mejor, cómprelo”? ¿O del “Si no le convence, le devolvemos su dinero”? Eslóganes que marcaban una época y se repetían en los bares o en las casas. Esto sigue siendo así, evolucionando con la sociedad; adaptándose a los nuevos tiempos y tendencias en forma de “¿Te gusta conducir?”. Y siempre ha sido igual: en Navidad, juguetes y turrones; en otoño, vuelta al cole y colecciones. Rebajas, yogures desnatados… había para todos.

Y es que no hay más que echar un vistazo en YouTube a los bloques de anuncios de los años 80, para darse cuenta de que se ha mejorado la calidad de imagen, la estética de los actores y el doblaje, pero el mensaje es el mismo. SEAT quiere vender coches, Colón lavar ropa y la DGT salvar vidas al volante. Quizá entonces tenían que trabajar más la forma de decirlo, a falta de otros recursos, pero la voluntad de entrar en los hogares permanece.

Es verdad que la televisión ha cambiado, pero sólo los contenidos de la programación (aunque el sensacionalismo y el morbo no son algo nuevo), porque la publicidad tiene un propósito fijo e inmortal.

No podemos entender la publicidad actual de forma distinta a la de hace unos años, porque las grandes empresas siguen invirtiendo una no menos grande cantidad de dinero para convencernos de darles el nuestro, y a cambio, lo gastarán para volver a convencernos en el futuro. Y esto es así, porque la mano negra que dirige el comercio no entiende de tiempos ni edades. Sólo mejoran sus productos, no su intención.

Y no nos engañemos. Nosotros somos caducos, pero la publicidad, amigos míos, es eterna.

Un artículo escrito por J. Marcos Serrano (@jmarcosserrano)

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